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Una noche en Almacelles, perdidos en la carretera

Almacelles. Reconozco que me costó varios días pronunciar bien el nombre del pueblo jeje.

A principios de este año hice un concierto en Monzón. Aquel día entre el público había gentes del vecino pueblo de Almacelles, poco después contactamos por las redes sociales y conocí a Nuria, Jesús y Neto. Y nos volvimos a ver en Vilanova y Preixana. Gentes estupendas con las que da gusto tratar y que querían que fuera a tocar a su pueblo, y como el interés era común el pasado 6 de septiembre se hizo realidad.

Ese día se celebraba el primer festival de Vilot en Almacelles. Me contrataron para abrir el concierto así que calculando las nueve de la noche para la prueba de sonido iniciamos la ruta. Llegamos allí sobre la hora y después de saludar a nuestros amigos y a la organización (gracias Montse) decidimos ir a cenar para hacer tiempo. El caso es que querían llevarnos a algún lugar especial pero la mayoría de los restaurantes estaban cerrados por vacances… así que nos sentamos en la única terracita abierta y pasamos un rato muy agradable.

A la vuelta al recinto hago una prueba de sonido rápida y me permito ensayar el tema “All the roads” de Bob Seger, que todavía no ha sido editado pero me la han pedido para tocarla en Zaragoza y tirando de youtube la hemos podido adaptar. Al bajar del escenario sorpresón grato, Nuestros amigos Lidia y Tete han hecho casi dos horas de carretera para venir al bolo (os debo un concierto gratis). Ya llega la hora y subo al escenario.

Hace buena noche, la gente esta un poco desperdigada pero en seguida empiezan a animarse. Voy variando el repertorio sobre la marcha, eso si, hoy es un repertorio corto de apenas una hora y cuarto. Hay un momento en el que casi me parto de la risa, mientras estoy tocando un ritmo country dos valientes empiezan a bailar frente al escenario pero al estilo maquinero. Yo les voy marcando el ritmo con golpes secos y de vez en cuando dejo de tocar y los miro y los tíos siguen bailando como si nada hasta que empiezo otra vez…

Después del concierto tomamos algo con nuestros amigos y disfrutamos de la noche. Sin embargo tenemos casi tres horas de carretera y no tardamos en salir.

Cogemos una carretra nacional hacia el sur con un lamentable fallo, casi no llevamos gasolina y son las tres de la mañana. La carretera esta oscura como cueva turolense, vamos haciendo kilómetros y pasamos dos gasolineras, las dos cerradas. Vamos hablando y escuchando música intentando no darle mucha importancia, sin embargo poco a poco noto como un par de bultitos se van alojando en mi garganta… miro de reojo el medidor del depósito y no esta más abajo porque sino no vería ni la aguja. Olga también la mira con disimulo. Calculo que como no repostemos en 20 kilómetros nos vamos a quedar tirados in the middle of the night. Miro el teléfono, sin cobertura, madre de dios esto empieza a pintar fatal. Pasamos otra gasolina cerrada a cal y canto. Pienso que por lo menos no hace mucho frío y si tengo que parar a alguién tampoco me congelare aunque tampoco es que pase nadie.

Doblamos una curva y al fondo a la izquierda vemos otra gasolinera a oscuras, parece que decididamente nos vamos a quedar tirados, llegamos a la altura de la gasolinera y justo cuando ya ibamos a pasar de largo vemos un poste estrecho, feo y extraño con una luz verde. O es un alienígena raro o es… SI!, UN ESPENDEDROR AUTOMÁTICO!!. Paramos junto al surtidor y aliviado me acerco al extraño artefacto. La verdad es que tiene una pantalla que ni la de los antiguos amstrad, cuatro letras mal contadas. Pone EDI y E98, apreto Edi que deduzco a de ser o bien diesel o bien el protagonista de Meeting across the river…  me pide la cantidad y descanso ya del todo cuando empieza a echar carburante a nuestro agotado buga.

La busqueda de benzinería nos había dejado los nervios un poco pallá y el resto del viaje se hizo muy pesado pero al final sobre las seis de la mañana nos acostabamos. Antes de dormir nos reímos acordándonos de los dos tipos de Almacelles bailando como maquineros un ritmo country…

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Una noche en Mura

No me gusta anular conciertos, me sabe fatal, sabes y oyes de gente que les hace ilusión ir y luego los defraudas suspendiéndolo. El concierto de Mura se iba a celebrar el 22 de agosto y ante la amenaza de lluvia (era al aire libre) no hubo más remedio que suspender. Realmente esa noche fue la tormenta del verano. Y decidimos entre Jordi Perich y yo que lo mejor sería dejarlo para el día 29. Se que algunos no pudieron venir al cambiar la fecha y lo siento, por contra también hubo gente que se alegro porque el 29 si podían venir.

La carretera a Mura es una de esas carreteras de montaña en las que cada kilómetro  parecen 20, curvas y curvas entre vegetación y montañas para como si de una novela de fantasía se tratase ir a para a un pueblo hundido entre montañas recién sacado de un cuento medieval. Decir que es un lugar precioso y con encanto es quedarse realmente corto, nunca había estado allí de noche y podeís creerme que durante el paseo que hicimos por las calles solitarias no me hubiera sorprendido toparme con algún barbudo armado con espada y cota de mallas o con un trasgo de mirada aviesa espiándonos tras alguna esquina (de hecho no tengo muy claro si lo vi o no…).

Cuando hace unos meses me propusieron el concierto me enseñaron una amplia terraza a la que se llegaba atravesando un anticuario (lugar en el que te puedes perder ante tanto recuerdo). El lugar prometía, al aire libre con unas vistas preciosas sobre el pueblo y el valle, sin embargo al verlo ya preparado y arreglado el gusto fue enorme, había quedado precioso y el escenario parecía tal cual un decorado de película. La prueba de sonido fue rápida y eficiente. Nos fuimos a cenar a Cal Carter y una vez más nos agasajaron con una comida estupenda. Después vino el paseo por el pueblo y  mi niña Judit, Olga y yo disfrutamos de ese silencio y esa tranquilidad que tienen los pueblos de montaña. Nos sentamos junto a los románicos muros de la iglesia y contamos anécdotas en voz baja entre los susurros del bosque de noche. Más tarde avisados por la campana de la torre subimos poco a poco para empezar.

Al llegar al recinto veo gente por todos lados, el llenazo es total y siento alivio y alegría, a pesar de trasladar la fecha la gente ha acudido, bieeenn. Empieza el concierto y la gente escucha con respeto, al rato ya hay algunos al fondo bailando y poco a poco la cosa se va animando hasta un final fiestero con la gente bailando entre las sillas y mesas. Fue una gran noche, divertida y con ese punto de placer que da tocar para caras conocidas y ver que disfrutan, gentes de todas las edades que me permitieron hacer un repertorio variado.

Quiero dar las gracias a toda la gente de Mura, a los que vinisteis de fuera y en especial a la gente de Cal Carter que nos trataron de maravilla. Gracias!!!

 

 

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La carretera de los 9 puntos (Los Spirits en Galicia)

Cuando hace cuatro meses mi hiperactivo amigo Oscar me invito a tocar en su bar de Lugo una de las conclusiones fue que si podíamos evitar viajar y tocar el mismo día sería mejor. Así que aprovechando las vacaciones estivales esta vez iríamos a tierras galegas el día anterior.

El evento estaba fechado para el sábado 2 de agosto de 2014 en Mosteiro Pol. Los Spirits in the night y Rockaway dispararían rock para los afortunados que se atreviesen a acudir. Asi pues, el día 1 de agosto a las seis de la mañana cogíamos el avión para Santiago de Compostela. Llegamos sin problema a parte de que dada la escasa longitud de la pista y que los pilotos no deben de ver mucho con tanta nube el aterrizaje nos volvió a poner los huevos por corbata mientras encomendabamos nuestra alma al apostol… Una vez en tierra nos dispusimos a pasar un agradable día de turismo por Santiago. Todo bien, todo perfecto, esta vez si pudimos ver el botafumeiro y paseamos arriba y abajo por la ciudad de una terracita a otra probando las estupendas viandas del país y disfrutando de un como no, día lluvioso en Galicia. Un maravilloso día de relax.

A la mañana siguiente el teléfono nos avisa de que Katy y Oscar han venido a buscarnos. Tras los abrazos y el café cogemos la carretera de los 9 puntos con destino Lugo. El viaje pasa entre anécdotas y nos acercamos hasta Mosteiro donde se va a realizar el concierto. El lugar es precioso, para un zaragozano de secano ver tanto verde es algo maravilloso aunque la humedad es tan bestia que horas después me iba a perjudicar. Normalmente cuando llegas al lugar para tocar ya esta todo montado, en este caso vemos el proceso desde cero. Mis compañeros del alma, los Spirits están viniendo desde Zaragoza en furgoneta (con dos coj…), llegan algo tullidos y arrugaos pero llegan. La prueba de sonido transcurre bien, el sonido es bueno y todo parece correcto. Nos vamos a cenar con el alcalde al bar del pueblo y una vez más la cocina gallega nos deja boquiabiertos, madre mía cuanto de bueno y cuanta cantidad de todo. La hora se empieza a atrasar y teniendo en cuenta que tocamos segundos la cosa va para largo.

Volvemos al campo da festa. Unas 500 personas disfrutan de la cena (paella, churrasco…) y el ambiente esperando el inicio del bolo. Los Rockaway abren fuego una hora más tarde de lo previsto. El público se va animando y todo va bien, tocan Telegraph road en los bises (gracias) de la que habíamos hablado en la cena y tras unos cuantos grandes clásicos terminan el concierto con Local hero.

Ya nos toca a nosotros, subimos al escenario y abrimos con Badlands, nada más empezar notamos problemas de sonido. Nos miramos con cara de incredulidad, el sonido limpio que había en la prueba  ha desaparecido, algunos instrumentos se escuchan atronadoramente, otros directamente no se oyen, el resto queda bajo la maraña. Vamos tocando las canciones mientras intentamos nivelar sobre la marcha, algunas cosas mejoran otras no, al cabo de media hora nos resignamos con impotencia a seguir adelante con lo que hay (imaginaos estar haciendo un solo de guitarra sin escuchar una sola nota de guitarra, o lo contrario darle suave y que suene tan fuerte que no oyes ni la batería). Pero eso no es lo peor, la humedad, al llegar la noche es tan exagerada que la garganta se reseca practicamente a cada frase, el esfuerzo la reseca todavía más, no recuerdo que nunca me hubiera pasado algo así, miro el setlist y tengo que cambiar canciones sobre la marcha, los temas en los que se grita más desaparecen del repertorio y son sustituidos. Tampoco puedo evitar pensar que los Spirits llevan una paliza en el cuerpo considerable y ya son las dos de la madrugada así que es cuestión de echarle coraje, es lo que hay y si una cosa sabemos hacer es tocar rock y con el cinturón bien ajustado a guitarrazo limpio y con la complicidad de un gran público el concierto va saliendo adelante recuperando por momentos el brío de otras noches.

Todo esto es lo que nosotros vivíamos desde arriba pero también hay que decir que algunos temas como Rendezvous o el mismo Dancing in the dark sonaron como cañones, verdaderamente bien y hubo grandes momentos, imagino que en el fondo soy un quejica jeje, es el perfeccionismo porque quieres dar lo mejor de ti mismo.  Llegamos al final y bajamos del escenario, la gente pide los bises y es el momento de tocar This hard land para los gallegos por petición, después viene la juerga final, el punto final llega con la sensación de haber aprobado un examen que por momentos se puso muy cuesta arriba. El público estuvo genial, aplaudiendo y cantando sin parar, bailes, risas y diversión. Hubo gente que hizo muchos kilómetros para venir y os lo agradecemos de veras, a los de Mosteiro, a los de Pol, a los de Lugo, a los gallegos en general y a los que vinisteis de fuera. Muchísimas gracias a todos, y si esta vez disfrutasteis la siguiente será mucho mejor…

Al día siguiente llegan las despedidas, la comida en la acogedora casa (mil gracias) de los Santiso y un paseo por Lugo estudiando lugares para posibles futuros bolos. Despedirnos también de la gente del Conde y una vez más a recorrer la carretera de los 9  puntos hacia el aeropuerto de Santiago. Despegamos a las diez de la noche con 19 grados de temperatura y bajamos en Barcelona a la 1 de la madrugada con 27 grados… empieza el calor, empiezan las vacaciones, mañana a la playa.

Posdata: La carretera de los 9 puntos tiene algo que ver un concierto que dio un tal Bruce hace unos años por estas tierras pero esa ya es otra historia…

 

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Quedada tuitera en el Voila!

El último concierto en el café Voila! de Manresa se convirtió por arte y gracia de mi amigo Vicente en una quedada tuitera de lo más peculiar. Vicente había quedado con unos amigos suyos todos ellos bruseros acérrimos y eligió como punto de encuentro mi concierto.

Al llegar a Manresa tras saludar a Inma y Xavi del Voila! y chequear el sonido nos fuimos al restaurante Globus como siempre. Al entrar, en la terraza nos recibe la congregación, catalanes, valencianos, un maño y una italiana de Londres. Cenamos entre anecdotas y risas en tres idiomas a la vez que curiosamente se amoldaban hasta el punto de no darse uno cuenta de en que idioma se hablaba con comida y bebida abundante, y muy buen rollo, mucho. Esa noche escuche datos y anécdotas de conciertos del Boss como para escribir un libro.

Ya en la cena empiezo a definir el setlist en mi cabeza, hoy sería un concierto…….     friki.

Al llegar al Voila tomamos una copa antes de empezar y nos ponemos en faena. Por primera vez en mi vida toco en la misma noche y de manera acústica cositas como Backstreets, NYC, Racing in the streets, Drive all night, Incident, Thunder road y Born to run ac. Al final entre estas canciones y otras muchas el concierto se fue a las dos horas y cuarenta minutos. Yo que arrastraba un catarro mal curado noto como la voz se me va rompiendo cada vez más. Pasadas las tres de la madrugada termina el concierto. Todo el mundo parece contento así que me siento satisfecho.

Quiero dar las gracias a los que os acercasteis al concierto y sobre todo a los locos tuiteros que se sabían todas y cada una de las letras. Espero que se repita, sois una gente estupenda. A quien le interese en youtube hay un montón de videos de ese día (canal vfeneboss). Gracias.

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Una noche en Preixana

Nuestro amigo Pep de Vilanova de Bellpuig me recomendo para tocar en Preixana un pueblo vecino. Cuando tocas al aire libre en una plaza suele ser con el grupo. Si es un concierto al uso, la gente baila o esta atenta al escenario, sin embargo cuando se toca durante la cena uno ya se espera ser algo así como la música de fondo. Con banda detrás es fácil tocar en esas condiciones pero al tocar sólo es algo más durillo. Sin embargo el concierto de Preixana fue divertido y especial.

Llegamos algo justos de tiempo porque tanto charrar en el coche me pase el desvío de largo y a punto estuvimos de llegar a LLeida… en fin, al llegar a Preixana entramos en una plaza antigua y bonita llena de mesas y con un par de barras. No hay escenario, un par de bafles puestos en el borde de una calle que baja sobre la plaza es el sitio indicado para montar el equipo. Nos amoldamos al lugar y queda bien, sentado alto de manera que me puedan ver desde toda la plaza. El concierto se retrasa para que la gente empieze a comer la estupenda cena artesanal que se sirve. Hay buen ambiente, ríen y hablan en las mesas, es agradable. Pienso que no se si me harán mucho caso pero intentando quitarle importancia a eso de las once de la noche empiezo a cantar. Ya desde el principio noto que se me presta atención, no todo el mundo, es natural, tampoco pretendo que dejen de hablar o reir para escucharme pero lo cierto es que poco a poco y mientras va avanzando el concierto veo todas las sillas vueltas hacia mi, genial. Me han anunciado como homenaje a Bruce Springsteen pero como veo que hace más efecto un popurri cada vez me desvío más del guión tocando todo tipo de clásicos. El concierto acaba entre sonrisas y aplausos y levantando triunfal a un niño de unos 3 años que ha estado jugando a pocos metros todo el rato y que me ha robado parte del protagonismo…

Dar las gracias a Leila, a Pep, a los que vinisteis de fuera y a toda la gente de Preixana por la acogida y el buen rollo. Muchas gracias a todos.

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Una tarde en Esplugues

Cuando terminó el periplo en Lugo, Oscar Santiso, mi nuevo e hiperactivo amigo me dijo que me iba a conseguir un bolo por Barcelona. No tardo mucho, a los pocos días me pasa el teléfono de Xavi del restaurante L´avenç en Esplugues de Llobregat, en seguida nos ponemos de acuerdo y acordamos un día y hora.

Todo muy normal salvo que por exigencias horarias el concierto tenía que ser por la tarde. Al llegar allí nos encontramos con un local a pesar de su tamaño acogedor, una terraza enorme para estar a la fresca y un interior amplio. Esa tarde hay partido del mundial de futbol, nada menos que Brasil-Chile. En vez de empezar el concierto a las 19:30 decidimos esperar a las 20:00 para dar tiempo a que acabe el partido pero… acaban empatados a cero y hay prórroga… asi que decidimos empezar con el partido en marcha. El local es tan grande que en el fondo esta el concierto y unos metros más allá y sin volumen las televisiones siguen funcionando bajo la atenta mirada de los futboleros.

El concierto fue bien, de hecho era divertida la situación, a parte de que dada la hora tuve público infantil (nada menos que seis niñas sentadas en primera fila). El momento culminante de la interacción entre concierto y partido vino cuando me tocaba tocar i´m on fire y en ese momento iban a empezar los penaltis, ante los gritos que ello iba a suponer decido hacer una pausa para los que quieran fumar y para ver los goles of course.

Después todo siguió con buen pie y fue otra gran… tarde jeje. De hecho acabar a las diez es una experiencia placentera, el trabajo hecho y una estupenda cena en la terraza con los amigos barceloneses, genial.

Oscar que venía desde Lugo al final se quedo por motivos urgentes, una pena pero el 2 de agosto con Spirits nos sacaremos la espina. Muchísimas gracias a Xavi y a todos sus colegas y a todos los que vinisteis a pasar el rato. Gracias a todos.

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Una noche en Sabadell

De vez en cuando me preguntan si me pongo nervioso antes de salir a tocar, y la respuesta siempre es la misma… por supuesto, claro que me pongo nervioso. Hay demasiadas cosas en juego antes de salir al escenario para saber con seguridad que todo va a salir bien, luces, sonido, estado de la voz, estado de la memoria, nerviosismo, actitud del público, cantidad de público, local en el que se toca, hora a la que se toca, cansancio, tiempo que hay que tocar (o que te dejan tocar), y sobre todo el nivel de exigencia del público, nivel de exigencia del promotor y todavía más importante el nivel de exigencia que uno se pone a si mismo. Todo ese compendio de cosas unidas hay que controlarlas y quitarles importancia para poder concentrarse y actuar de una manera natural, pero eso si, es necesario estar nervioso sino no valdría la pena, supondría que no te importa lo que haces y muchísimo peor, que no te importa el público.

Hay una cosa que puede elevar el nivel de nerviosismo y esa cosa es sin duda cuando tocas delante de gente conocida, delante de los tuyos. En esos casos el nivel de autoexigencia es mayor. Tenía pendiente hacer un concierto en Sabadell, lugar donde vive parte de mi familia y un montón de amigos y conocidos que no me habían visto actuar y querían verme. Teniendo en cuenta que estoy hablando de edades que comprenden entre niños y ya bastante adultos decidí que sería en un teatro.

Hace unos meses mi amigo Oscar, ilustre barbero me comento mientras estabamos en faena de tijereteo que me podía conseguir un concierto en el teatre Sant Vicenç de Sabadell. La idea me pareció buena y cuando días más tarde me llevo a ver el local me ilusione con la idea. Al preparar el repertorio esta vez tenía que tener en cuenta diferentes factores pero todo supeditado a una cosa, el silencio. Cuando tocas en un teatro el silencio en la escucha suele ser total lo que proporciona la oportunidad de cantar con más tranquilidad y sin esforzarse tanto en concentrarse. Es realmente placentero comparado con la pelea constante que son los conciertos en fiestas y según que locales.

La promoción a cargo de Josep fue perfecta (gracias) y quitando un pequeño problema con la disponibilidad de las entradas en preventa llegó el día del concierto.

Cuando sales al escenario en un teatro no ves mucho, una banqueta, una guitarra, un banjo, una mandolina y un micro. Detrás ocho o diez metros de escenario vació y delante oscuridad, oscuridad y tras los primeros aplausos al salir un silencio sepulcral que te hace pensar si realmente habrá alguien. Al sentarte ves o más bien vislumbras a los de la primera fila. Sonríes, coges aire y a capella empiezo a cantar “My beautiful reward”. El sonido es perfecto, tan perfecto que mejor no pensar en cometer demasiados fallos. Sin embargo se disfruta, el público aplaude entre canción y canción y guarda un silencio absoluto durante la interpretación. Disfrutas, sientes como cada palabra sale de tu boca y se proyecta por el teatro, el repertorio muy variado incluye temas propios y versiones de todo tipo, unas pensadas para unos y otras para otros. Al final sientes pena de acabar porque ha sido una noche mágica y emocionante, le he cantado al amor, a la amistad, al pasado y al futuro, a mi familia de Zaragoza y a mi familia de aquí, a gente que quiero y a desconocidos que me sonríen al acabar. Ha sido precioso, un placer, una noche inolvidable.

Tras el concierto salgo a saludar a todos esos amigos viejos y nuevos que me aguardan en la puerta. Quiero daros las gracias a todos, compañeros y amigos de trabajo y desventuras, amigos venidos de fuera, a los que no os conocía y sobre todo a mi familia por apoyarme y aplaudirme. Yo cantaba para todos vosotros, gracias a todos.

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La vuelta a Matisse

Valencia… nueve veces. Recuerdo una conversación no voy a decir con quien allá por el año 2005 en la que me decían que Valencia quitando el bacalao de música na de na. Unos meses después en octubre de 2006 fuímos a tocar allí y este año en 2014 hemos cumplido la novena, después de Zaragoza el lugar de España donde más veces han tocado los Spirits y eso que me decían que lo del rock allí poca cosa…jejeje.

Hace unos meses el comandante José Antonio y yo contactabamos y nos poníamos de acuerdo para tocar de nuevo en Matisse local que no visitabamos desde 2008. Saltandonos los tiempos y la crisis decidimos que el concierto se haría si o si. Teníamos ganas, teníamos muchas ganas y eso se noto desde el primer momento.

Llegamos a Valencia y nos perdimos justo al lado del local por mi cabezonería, prueba de sonido y una cena que no se la salta un wookie brindada por nuestros amigos de Valencia.. Después entramos al local y nos encontramos con los amigos que vienen a vernos cada vez que vamos por allí. Un gusto, el concierto lleno de energía y sudor se graba en la cámara del local para la posteridad (ver videos). Al acabar un rato de juerga en el mismo local y poco a poco nos vamos retirando, Olga y yo tenemos que coger carretera, los demás duermen cerca.

Una vez más dar las gracias a Jose Antonio y familia por la cogida y el trato. También a la gente de Matisse y a los foreros y demás amigos que os acercais a vernos. Gracias a todos y hasta la próxima!!!

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Una noche en el Jump

Hace muchos años, en una época muy lejana vi por primera vez el mar. Fue en los años setenta y no sabría decir a ciencia cierta que edad tenía. Lo que si se es que fue en Comarruga. Mis tíos estaban veraneando allí y mi padre nos llevo a pasar el día. Fuímos a Río León Safari y a la playa y como es normal en un niño el recuerdo quedó en mi mente para siempre.

Lo de ver animales encerrados ya no me gusto entonces pero el mar me impresiono mucho y sobre todo se quedo en mi mente el olor, ese olor a sal mezclado con ambiente de vacaciones que parecía impregnar cada cara que veía por allí, ese aire de tranquilidad y felicidad que la gente transpira cuando deja los problemas en casa. Incluso recuerdo una imagen nocturna de risas y brisa marina en alguna terraza de aquella noche, una imagen que tengo en mi mente desde niño.

Pues bien, hace un par de semanas fuímos allí a tocar. Al Bar Jump, ilustre título de la canción de Van Halen. El Bar muy cool, mucho mejor que en las fotos del Facebook. Llegamos, montamos y fuímos a pasear por la playa. Después una cena de picoteo con el mismo público y tras un rato de conversación agradable empieza el concierto. Todo bien, todo perfecto, sábado noche, buen ambiente y buena gente, sim embargo nos cortan media hora de bolo los chicos de azul por ruido (cuantas veces me tendra que pasar esto?…). Tras el concierto, saludos, risas y más buen rollo. Quedamos en vernos pronto y salimos a buscar la imagen de ese recuerdo de niño… demasiados años y demasiado cansados, nos rendimos pronto, quiza la próxima vez lo encuentre.

Quiero dar las gracias a los chicos del Jump por un trato exquísito y por apostar por una apuesta de buena música que hoy en día no es precisamente habitual. Gracias mil a todos y nos vemos pronto!!!

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Una noche en el Conde

¿Lugo?… si a Lugo… Ir a hacer un concierto a 1000 kilómetros de distancia saliendo el mismo día del concierto para volver al día siguiente suena cuento menos temerario. Pero ¿¡quien dijo miedo?!

El sábado día 5 de abril a las tres y cuarto de la mañana el despertador suena atronadoramente como gritando “¡Arriba chicos que hoy tenemos jaleo!”. Una ducha rápida, un repaso para asegurarnos de no dejarnos nada y para el aeropuerto. Llegamos con tiempo suficiente y relajados de saber que teníamos asiento numerado, no hace demasiado tiempo que había que sentarse en el suelo haciendo cola para coger sitio con esta compañía aerea. Una vez en el avión miro la hora, el vuelo dura una hora cuarenta, ir de una punta a otra de la península dura lo suyo así que intento relajarme (lo que puedo, mis piernas no son precisamente de la medida del espacio entre asientos).

Llegamos a Galicia atravesando capas y capas de nubes para aterrizar en Santiago pegando un bote en el asfalto que mira que hemos viajado veces y aun asi nos miramos con cara de “jodeeeer!!”. Salimos del avión y allí estaban esperándonos Katy y Oscar con un cartel que rezaba “Benvinguts! Mr Bruce and Mrs. Patti”…. Durante el viaje a Lugo vamos charrando y paramos a desayunar. Me pido un bocata mini para no comer demasiado y me ponen uno que casi no cabe en el plato… Llegamos a Lugo, al  Conde, una cervecería decorada con gusto con diferentes fotos del Boss incluída una columna monográfica. Dejamos todo y vamos a buscar el equipo que se iba a utilizar por la noche para el concierto. Al final tuvimos que pasar un par de horas entre viajes y llamadas hasta acabar con un equipo decente y una prueba de sonido satisfactoria. Nos vamos a comer.

Nos llevan a Becerreá (palabra que no consigo pronunciar bien en todo el día, maño que es uno). Allí pasó algo sorprendente. A Olga no le gusta el pulpo y lo primero que nos ponen delante es efectivamente pulpo. Lo pincha con educación se lo lleva a la boca y…. ¡milagro!, una sonrisa se refleja en su preciosa cara de oreja a oreja. “¡Por Dios que bueno!”. Realmente lo era, el mejor pulpo que habíamos probado jamás. Después nos pusieron buey, bien sólo tengo que decir que mi intención era comer dos o tres trozos para cuidarme para la noche y cuando el primer trozo rozo mi paladar mi intención salió corriendo por la puerta y acabamos con una impresionante panzada de una carne impresionante. Después de la comida sacaron una guitarra y allí mismo sonaron Glory days y Streets of Philadelphia antes de agradecidos y llenos cual balones volver a Lugo.

La reglamentaria siesta y cuando se acerca la hora vamos al bar. El concierto se fue casi a las tres horas y se concirtió en una fiesta con agradecidos momentos íntimos y muy buen rollo. Subió a tocar Brea con su espléndida guitarra de 12 cuerdas (gracias por dejármela para The river) y tocó una canción compuesta expresamente para la ocasión. Oscar subió en el Waitin para rememorar el día en que su hijo Iker subió a cantarla y a escaparse de Bruce… Y bueno, todo muy alegre y divertido.

Al acabar el concierto fuímos a un par de bares de Lugo y sobre las seis, 27 horas después de sonar el despertador caímos rendidos en la cama.

Al día siguiente fuímos a pasear por Lugo y dimos la vuelta a la muralla, preciosa. El día por fín enseñaba un poco el sol. Comimos menos copiosamente que el día anterior (aunque ese calamar también quedara en mi memoria) Y tras otro breve descanso llegaron las despedidas y después  fuímos al aeropuerto. El vuelo, el coche y sobre las dos de la madrugada nos acostabamos. Dos días muy, muy intensos.

Sólo podemos estar agradecidos a todo y a todos. Sois muy especiales galegos, muy buena gente. Gracias a todos y esperamos repetir algo así pronto. ¡¡Hala pues!!

 

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