El último concierto

En el verano de 1990 hice mi primer concierto. Desde entonces he perdido la cuenta de cuantos he hecho. Hace cuatro o cinco años calculé haber superado los 500. Han sido muchas bandas, muchos estilos, desde el primer grupo de juventud “La mujer cuchara”, pasando por “Sin perdón”, “Motor Perkins”, “Cine y música” y los “Spirits in the night” para acabar con los discos en solitario desde hace algo más de una década. Mil colaboraciones de todo tipo en mil historias diferentes y muchos, muchísimos kilómetros recorridos.

He tocado un día para 3000 personas y al día siguiente para 30, he hecho conciertos gratis de más de tres horas y cobrado un pastón por cantar un sólo tema. Nunca he conocido el éxito masivo pero he tocado a la vez que artistas “consagrados” en la misma ciudad y a la misma hora llenando mientras la teórica estrella pinchaba en su bolo. Nunca me he esforzado demasiado en triunfar, he compuesto más de 300 canciones por el placer de componerlas y en muchos casos de grabarlas y editarlas pero luego nunca he tenido la energía de enfrentarme a la marabunta que hay que cruzar para llegar más allá.

Me he refugiado en hacer versiones en directo y me he sentido protegido, cantar tus propios temas es exponer tus sentimientos y el público puede ser muy cruel y te sientes herido. Soy incapaz de cantar sin emocionarme, me meto en lo que hago de una manera natural, sin forzarlo y eso muchas veces conlleva un desgaste. Enfrentarte al público es salir de tu propia tranquilidad para exponerte en cuerpo y alma.

En 2011 llevaba tres años semiretirado, componía canciones como hago siempre pero no tocaba en directo salvo algún concierto alimenticio con los Spirits. Tres años antes había acabado asqueado del mundo discográfico y del mundillo musical en general cuando intente promocionar mi disco “En esta tierra”. Vino la crisis y los primeros recortes fueron como no, en cultura, con lo que una importante fuente de ingresos desapareció, obligándome a mi y a muchos otros músicos profesionales a buscarnos las castañas de mil maneras.

Andaba ese 2011 cuando un día el instinto me llevo a entrar en una tienda de instrumentos, no iba buscando nada, sólo curioseaba. No era ni la primera ni la última vez que lo hacía. La mayoría de las veces salgo sin comprar nada o con cosas de poca monta. Sin embargo esta vez ocurrió el milagro, primera y única vez que me ha pasado algo así. Miraba las guitarras acústicas y los ojos me quedaron fijos como platos en una preciosidad que había sobre mi. Era una Martin de color claro que me miraba e intentaba descolgarse hasta mi. A pesar de la impresión y no queriendome dejar llevar por algo tan raro, pedí que me la dejaran probar junto a una Gibson mil euros más cara y una Takamine de mayor precio también. Probé primero esas dos y como no, me encanto el sonido, pero cuando cogí la Martin y simplemente dejé caer la mano sobre un acorde en Sol mi estómago se encogió y supe que me había enamorado…

Al llegar a casa con la guitarra ya había decidido buscar conciertos, la estrené la noche de San Juan de ese 2011 en el Voila! de Manresa y desde entonces nunca han pasado más de un mes sin tener un concierto hasta el día de hoy… y me siento agotado.

Son muchos más conciertos de los que aparecen publicitados porque en los últimos años han proliferado las fiestas privadas de tal manera que superan en mucho a los públicos. Cualquier artista descansa uno o dos años entre giras y yo al no poder permitirme algo así, no he parado en ningún momento, es más entre medio he grabado y editado cuatro discos (“Loose ends” en 2014, “Salvaje Jack & The Wagon Train” en 2015, “Hondo” en 2016 y “Relatos desde la cabaña” que salió como especial con Hondo y reeditaré en solitario en 2017) y aunque me he resistido durante meses (con dolores en muñeca y espalda) ha llegado el momento de descansar. Los dos últimos meses ha sucedido lo que nunca había pasado, he suspendido cuatro conciertos (Lleida, Santander, Girona y Terrassa) y he preferido hacer el de Zaragoza como punto final a este período.

Durante años al vivir en Zaragoza tocaba varias veces al año con diferentes grupos. Cuando me fuí hace ocho años el número se redujo drásticamente y sólo se hacía el concierto fijo de los Pilares con Spirits y algún bolo esporádico con mis canciones. En 2015 sin embargo no hice ni uno solo. Así que aunque la decisión de descansar ya estaba tomada decidí alargarlo hasta el 13 de octubre para volver una vez más a tocar en las fiestas y acabar de una manera más o menos simbólica.

Para acabar los médicos me han dicho que tengo el túnel carpiano tocado y tengo que descansar, así que, voy a tomarme unos meses hasta que mejore, no se cuantos, pero eso… nos vemos en la carretera.

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