La Molina – Segunda Parada

Hace algunos años solía ir bastante a la montaña. Recuerdo pasar varios días seguidos haciendo rutas en las que elegíamos un destino, al llegar nos apeábamos del autobús o tren y a partir de ahí se trataba de disfrutar de la naturaleza. En aquella época la acampada libre estaba permitida así que echábamos a andar por algún valle y cuando se ponía la el sol buscábamos algún lugar donde hacer noche. Por supuesto anécdotas hay mil pero el único denominador común a todas la salidas era la tranquilidad. Se trataba de fundirse con la naturaleza, el respeto empezaba por el silencio, nosotros eramos invitados en esos bosques, ríos y valles y siempre he pensado que en este mundo de locos la única manera de respetarnos a nosotros mismos es respetando lo que tenemos alrededor y en demasiadas ocasiones ese respeto se pierde por el egoísmo inherente al ser humano.

Así pues, sin tampoco querer proponerlo nuestros pasos casi siempre iban hacia donde no hubiera presencia humana. Eso no quiere decir que no viéramos a nadie más. Siempre era un placer encontrarse con otros locos andarines que respetaban el entorno. Pero tampoco nos vamos a engañar si buscas silencio, paz y sosiego en el momento en que varias personas se juntan puedes olvidarte de ello. Imagino que después de hacer tanto ruido a base de guitarrazos tengo que compensarlo y por eso me gusta tanto la tranquilidad.

El caso es que con esa premisa jamás había estado en una estación de esquí, el otro día fuimos a La Molina. La verdad es que ese traslado del barullo de una ciudad a la cumbre de una montaña aún esperándomelo me desconcertó bastante. No dejaba de preguntarme como todo el mundo se apelotonaba en el mismo sitio habiendo tanta montaña solitaria alrededor. Yo nunca he esquiado y dado el estado de viejas lesiones en mis piernas tampoco creo que me lance ahora. Por lo que me cuentan la sensación debe ser maravillosa y viendo las caras de la gente al bajar la verdad es que sentí un puntito de envidia (sana por supuesto jeje) así que creo que entendí un poco el asunto. Eso sí el estar sentados en la terraza del bar hablando con unos y otros disfrutando del sol y de ese ambiente vacacional fue muy divertido. Y bueno puestos a hacer ruido mejor hacerlo concentrándose en un sitio…. así que saque mi guitalele y me uní al para mi, curioso y novedoso barullo.

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