Una noche en Mura

No me gusta anular conciertos, me sabe fatal, sabes y oyes de gente que les hace ilusión ir y luego los defraudas suspendiéndolo. El concierto de Mura se iba a celebrar el 22 de agosto y ante la amenaza de lluvia (era al aire libre) no hubo más remedio que suspender. Realmente esa noche fue la tormenta del verano. Y decidimos entre Jordi Perich y yo que lo mejor sería dejarlo para el día 29. Se que algunos no pudieron venir al cambiar la fecha y lo siento, por contra también hubo gente que se alegro porque el 29 si podían venir.

La carretera a Mura es una de esas carreteras de montaña en las que cada kilómetro  parecen 20, curvas y curvas entre vegetación y montañas para como si de una novela de fantasía se tratase ir a para a un pueblo hundido entre montañas recién sacado de un cuento medieval. Decir que es un lugar precioso y con encanto es quedarse realmente corto, nunca había estado allí de noche y podeís creerme que durante el paseo que hicimos por las calles solitarias no me hubiera sorprendido toparme con algún barbudo armado con espada y cota de mallas o con un trasgo de mirada aviesa espiándonos tras alguna esquina (de hecho no tengo muy claro si lo vi o no…).

Cuando hace unos meses me propusieron el concierto me enseñaron una amplia terraza a la que se llegaba atravesando un anticuario (lugar en el que te puedes perder ante tanto recuerdo). El lugar prometía, al aire libre con unas vistas preciosas sobre el pueblo y el valle, sin embargo al verlo ya preparado y arreglado el gusto fue enorme, había quedado precioso y el escenario parecía tal cual un decorado de película. La prueba de sonido fue rápida y eficiente. Nos fuimos a cenar a Cal Carter y una vez más nos agasajaron con una comida estupenda. Después vino el paseo por el pueblo y  mi niña Judit, Olga y yo disfrutamos de ese silencio y esa tranquilidad que tienen los pueblos de montaña. Nos sentamos junto a los románicos muros de la iglesia y contamos anécdotas en voz baja entre los susurros del bosque de noche. Más tarde avisados por la campana de la torre subimos poco a poco para empezar.

Al llegar al recinto veo gente por todos lados, el llenazo es total y siento alivio y alegría, a pesar de trasladar la fecha la gente ha acudido, bieeenn. Empieza el concierto y la gente escucha con respeto, al rato ya hay algunos al fondo bailando y poco a poco la cosa se va animando hasta un final fiestero con la gente bailando entre las sillas y mesas. Fue una gran noche, divertida y con ese punto de placer que da tocar para caras conocidas y ver que disfrutan, gentes de todas las edades que me permitieron hacer un repertorio variado.

Quiero dar las gracias a toda la gente de Mura, a los que vinisteis de fuera y en especial a la gente de Cal Carter que nos trataron de maravilla. Gracias!!!

 

 

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