Una noche en Sabadell

De vez en cuando me preguntan si me pongo nervioso antes de salir a tocar, y la respuesta siempre es la misma… por supuesto, claro que me pongo nervioso. Hay demasiadas cosas en juego antes de salir al escenario para saber con seguridad que todo va a salir bien, luces, sonido, estado de la voz, estado de la memoria, nerviosismo, actitud del público, cantidad de público, local en el que se toca, hora a la que se toca, cansancio, tiempo que hay que tocar (o que te dejan tocar), y sobre todo el nivel de exigencia del público, nivel de exigencia del promotor y todavía más importante el nivel de exigencia que uno se pone a si mismo. Todo ese compendio de cosas unidas hay que controlarlas y quitarles importancia para poder concentrarse y actuar de una manera natural, pero eso si, es necesario estar nervioso sino no valdría la pena, supondría que no te importa lo que haces y muchísimo peor, que no te importa el público.

Hay una cosa que puede elevar el nivel de nerviosismo y esa cosa es sin duda cuando tocas delante de gente conocida, delante de los tuyos. En esos casos el nivel de autoexigencia es mayor. Tenía pendiente hacer un concierto en Sabadell, lugar donde vive parte de mi familia y un montón de amigos y conocidos que no me habían visto actuar y querían verme. Teniendo en cuenta que estoy hablando de edades que comprenden entre niños y ya bastante adultos decidí que sería en un teatro.

Hace unos meses mi amigo Oscar, ilustre barbero me comento mientras estabamos en faena de tijereteo que me podía conseguir un concierto en el teatre Sant Vicenç de Sabadell. La idea me pareció buena y cuando días más tarde me llevo a ver el local me ilusione con la idea. Al preparar el repertorio esta vez tenía que tener en cuenta diferentes factores pero todo supeditado a una cosa, el silencio. Cuando tocas en un teatro el silencio en la escucha suele ser total lo que proporciona la oportunidad de cantar con más tranquilidad y sin esforzarse tanto en concentrarse. Es realmente placentero comparado con la pelea constante que son los conciertos en fiestas y según que locales.

La promoción a cargo de Josep fue perfecta (gracias) y quitando un pequeño problema con la disponibilidad de las entradas en preventa llegó el día del concierto.

Cuando sales al escenario en un teatro no ves mucho, una banqueta, una guitarra, un banjo, una mandolina y un micro. Detrás ocho o diez metros de escenario vació y delante oscuridad, oscuridad y tras los primeros aplausos al salir un silencio sepulcral que te hace pensar si realmente habrá alguien. Al sentarte ves o más bien vislumbras a los de la primera fila. Sonríes, coges aire y a capella empiezo a cantar “My beautiful reward”. El sonido es perfecto, tan perfecto que mejor no pensar en cometer demasiados fallos. Sin embargo se disfruta, el público aplaude entre canción y canción y guarda un silencio absoluto durante la interpretación. Disfrutas, sientes como cada palabra sale de tu boca y se proyecta por el teatro, el repertorio muy variado incluye temas propios y versiones de todo tipo, unas pensadas para unos y otras para otros. Al final sientes pena de acabar porque ha sido una noche mágica y emocionante, le he cantado al amor, a la amistad, al pasado y al futuro, a mi familia de Zaragoza y a mi familia de aquí, a gente que quiero y a desconocidos que me sonríen al acabar. Ha sido precioso, un placer, una noche inolvidable.

Tras el concierto salgo a saludar a todos esos amigos viejos y nuevos que me aguardan en la puerta. Quiero daros las gracias a todos, compañeros y amigos de trabajo y desventuras, amigos venidos de fuera, a los que no os conocía y sobre todo a mi familia por apoyarme y aplaudirme. Yo cantaba para todos vosotros, gracias a todos.

Sergio Gisbert - Banjo

Sergio Gisbert Sabadell 2

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